El espejo de los garabatos: Twombly

Quiero hablar del mar, pero me sale espuma, decía Cesar Vallejo. En sus palabras está presente la sensación de deseo e impotencia, pero también de apropiación, de júbilo ante la certeza de la apropiación. Yo quisiera hablar de Twombly.


Pintura de Cy Twombly

 
Para explicar la dificultad inherente a su obra -el intento de acercarse a ella, de decirla-, Barthes pone en evidencia el mismo esfuerzo presente en Vallejo cuando desea hablar del mar. Ni el mar cabe en las palabras comunes, salvo en las del poeta, ni los lienzos de TW cabrán en las palabras que no hayan sido forzadas lo suficiente. Tanto el poeta como el crítico de arte, y éste debe tener mucho de aquel, deben hacer un esfuerzo excepcional para atrapar el referente de su discurso -que digo atrapar, acariciar-. Hablar de TW será acariciar su obra.

El garabato.

Partamos de la palabra para entender el grafismo de TW. Pensar en ella impone considerar la dualidad luz-oscuridad. La palabra es la fotografía de un sonido. La palabra sonora, la pronunciada, nace en la oscuridad; se transmite, se recibe, se entiende a través de ella. La palabra del aedo nacía en el espacio interior: sustancia entrañable, subterránea, secreta. Despojado del atributo de la mirada, el aedo es un ser infernal. En la obra de TW nada hay de secreto, de oculto. Si algo hay es revelación, sorpresa. No hay secreto porque está ausente la noción de código.

La palabra silente, la escrita -como la pintura-, necesita de la luz. El grafismo es un trabajo que corresponde al ámbito de lo luminoso. Si se piensa a la palabra como elemento conductor que posibilita el acceso a una realidad superior, entonces el grafismo implica un doble alumbramiento: luz vertida en la luz. La palabra escrita se asocia al espacio exterior, pero también a la superficie, a lo elevado, lo luminoso. El hacedor de esta palabra, a partir de la tradición iniciada en occidente por Simónides de Ceos, es un ser aéreo. Figura muy semejante a la del artífice Daedalus. A esta rama genealógica se adscribe TW. Su pintura debe entenderse como la construcción permanente de un laberinto y, paradójicamente, como la labor continua por escapar de él. Se ve con claridad el hilo de Ariadna anudándose y desanudándose en busca de una salida.

TW parte la palabra; para lograr el garabato la desbarata rompiéndola. Hay una oposición entre palabra y garabato. Mientras la primera es signo, producto de la convención, el garabato es producto de un capricho. Palabra-garabato: convención-capricho. El garabato es signo, si se quiere, pero signo en explosión, en disolución. Este carácter de explosión permite afirmar que mientras la palabra es estática el garabato es dinámico.

Si aquella es clara, identificable, éste es borroso, irreconocible, porque, al acontecer fuera de la repetición, no se entrega como realidad identificable. “La escritura del placer se enrosca como una víbora o una liana -como una interrogación. Es una pregunta que estrangula o que, al menos, inmoviliza a su objeto. Y la respuesta a esa pregunta, si es que efectivamente la muerte es una respuesta, es un garabato: un signo no sólo indescifrado sino indescifrable, y, por tanto, in-significante” [1] El trazo de TW es un cuerpo que atenta contra su forma, que la pulveriza. La destrucción hace posible la construcción: continuidad es ser en el tiempo. Frente a TW somos testigos de una titánica labor, el intento por rehacer la palabra, por liberarla. Arrancándola del sometimiento TW le devuelve a la palabra todos sus poderes. Este intento lo conduce a las fronteras del reino de la palabra, todo su hacer ocurre en el espacio limítrofe entre éste y el reino de la imagen. La palabra se reconfigura, pero no como palabra, sino como imagen. Para seguir siendo deja de ser palabra; se convierte en un trazo desfigurado, que vuelve sobre sí mismo enredándose, borrándose, liberándose. Parto de la palabra: bajo tal exigencia da a luz un ser superior a ella, el garabato.

El garabato es, etimológicamente, una extensión de la mano, herramienta (organon en griego) creada con alambre, una suerte de mano con dedos en forma de garfio que, montada sobre un brazo de madera, servía para alcanzar lo que al propio cuerpo le resultaba inalcanzable: frutos en los árboles; peces en los ríos o estanques. Alimento. El garabato de TW consigue traer algo que ni la mano de la escritura ni la mano de la pintura alcanzan, algo que está fuera de su con-tacto. Será por eso que tiene la connotación de caricia.

Si la letra como signo representa una posibilidad agotada, el garabato encierra una riqueza infinita de posibilidades. Así lo sentía Apollinaire cuando abordó la tarea de hacer caligramas. Apollinaire tomó como punto de partida la palabra para crear imágenes, no imágenes poéticas, es decir metáforas, sino imágenes visuales. En su trabajo una letra, una palabra deviene un trazo; la palabra no dice, dibuja. Sembrada en el campo del silencio, la página en blanco, la letra florece: se ven cabezas, serpientes, casas. La palabra se abre como una ventana o se despliega como un telón.

TW, por su lado, toma como punto de partida la imagen para crear palabras.

En forma opuesta a como ocurre con Apollinaire, un trazo deviene una letra, pero una letra viva, en transformación, un garabato. La imagen/palabra de TW parece hablar. Por eso hay algo como sonido en sus lienzos. La palabra hace posible la escritura; el garabato, la reescritura. Fotografía y espejo: inmovilidad como de una impresión fotográfica la de la escritura y la pintura (a excepción de la pintura cubista); movilidad la del garabato/pintura de TW, como la que se conseguiría observar de estar moviéndonos frente a un espejo

El espejo.

La escritura y la pintura se relacionan simbólicamente con dos diferentes tipos de espejo. El primero es el espejo horizontal el espejo de narciso. La escritura, como lo entendió Escher, no permite que se refleje otra cosa que la sola mano. El otro espejo, el vertical, como lo mostraron Vermeer y Velázquez, amplia el área de reflexión, de modo que puede verse el cuerpo entero del pintor. Mientras que es sólo la mano del escritor lo que se mueve en el acto de la escritura, el pintor mueve todo el cuerpo cuando pinta. Pintar es moverse de un lado a otro, retirarse, mirar, acercarse, hacer un trazo, otro, otro. Sin embargo, ambos espejos devuelven imágenes congeladas -letras o imágenes-, suspendidas, liquidadas. A diferencia de estos espejos, el de TW brinda la sensación de un movimiento ininterrumpido, dinamismo que da constancia de lo inacabado. Crítica a la idea occidental de obra terminada. No se presenta el estado final porque tal estado no existe. El ser es movimiento o es nada. En el poema Calle, de Octavio Paz, leemos:

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo.
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está obscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

Encuentro una semejanza entre lo que ocurre en esta calle y lo que acontece en los cuadros de TW. Como el hombre de Paz, el trazo de TW, cíclico, es un signo del devenir, de la existencia continua. El andar de este ser que es múltiple, innumerable, reversible (como todo hombre) dibuja los vericuetos de su existencia con trazos engañosos, yuxtapuestos, indecisos. Pero veo también una diferencia, enorme. El poema de Paz brinda la espantosa sensación del desencuentro, mientras que la obra de TW alude al erotismo, ¿y qué es éste si no encuentro?

La afirmación de que TW corresponde a la familia de los poetas solares, no es en detrimento de su calidad de pintor. TW es un pintor que escribe y un poeta que pinta, pero es, sobre todo, un niño que juega a escribir y a pintar: su pintura/escritura es, ante todo, un acto lúdico. No olvidemos que el juego está presente en toda actividad relacionada con el mito. Por el tema y por la ejecución técnica la pintura de TW debe ser considerada mítica, es decir primigenia, iniciadora de mundos.

El juego define la creación: el mundo es mundo mediante el juego de los dioses. El cosmos, que surge del caos, se recorta contra él, por último, se enfrenta a él, pero sin conseguir suplantarlo o agotarlo. Más bien lo señala, sirve para indicarlo. El cosmos se pone en duda a sí mismo y apunta hacia fuera de sí, hacia el caos. En los lienzos de TW, sobre el desorden, se les ve aparecer a los dioses: Dionisios, Apolo, Pan, Nike, Marte. Pero también aparecen los hombres que son como dioses, los poetas -Virgilio y Safo-, hombres que, al igual que TW, utilizan la palabra para crear mundo, realidad. En los lienzos de TW el juego aparece como elemento constituyente de la guerra y la fiesta. Acto erótico: encuentro de los dioses con el mundo, de lo divino con lo humano, de la palabra con la imagen y surgimiento de un espacio de transición e interacción donde el mundo deviene dios, lo humano divino y la imagen palabra. El juego, la guerra y la fiesta exigen la reunión de los cuerpos, su mezcla, suconfusión. Sin embargo, aunque se trate del encuentro conseguido por la guerra, el trazo de TW es tan suave que el lienzo deviene lámina de viento: se ve el vuelo. Escritura aérea. Vemos rastros de alas en sus trazos y nubes en los espacio borroneados.

TW: niño jugando. Heráclito entendía que el mundo es la creación de un niño, de un dios-como-niño, inocente, torpe. Asociando la escritura con la mano izquierda,. Barthes ha hablado de la torpeza del trazo de TW. El corazón está en el lado izquierdo: la de TW es una escritura de latidos. El trazo de TW no sólo es posible verlo, sino escucharlo. Palabra, imagen, música. Hay una melodía bañando sus cuadros.

Lápiz del niño; la pis del niño. La escritura/pintura de TW: niño que hace de la pis, que trazando círculos en el agua del water, o, en el campo, sobre la hierva o el pasto, dibuja/escribe. Acto de júbilo a través del cual aparece, surge, brota, algo que no estaba allí. Sorpresa. Intento de control; juego. Ejecución de lo inevitable. Hay la sensación de que con TW, con su trabajo, uno se halla frente a una obra impostergable, es decir, de importancia vital. A un niño que está empezando a hacer rayones, dos o tres años, no puede exigírsele el control del esfínter. Usar el lápiz y hacer de la pis son actividades análogas. La palabra tálamo se refiere a la pluma para escribir, pero también alude al pene. En México, en lenguaje coloquial, firmar también significa orinar.


Antonio Sustaita
Departamento Historia del Arte III (Contemporáneo)
Facultad de Bellas Artes
Universidad Complutense de Madrid