la idea de lo bello


Lark-Horovitz ha resumido la evolución del niño respecto a la idea de lo bello en los cuatro puntos siguientes:

1. El niño/a pequeño aprecia — artísticamente hablando— unidades reducidas y simples, como una flor o un adorno del vestido. En la primera infancia la apreciación estética se refiere a cosas concretas, como las señaladas. Poco a poco esta valoración apunta a objetos más complejos, como un vestido, unos árboles o un coche. En la fase de tercera infancia, preludio de la adolescencia, el niño descubre la belleza en rasgos de mayor elevación intelectual: la expresión del rostro humano, la figura corporal, el oleaje en un acantilado, la salida o el ocaso del sol, etc. El desarrollo de la percepción estética, ayudado en el futuro por el gusto personal, y el bagaje cultural artístico del individuo, habrá de ensancharse a lo largo de la vida del adulto.

2. El niño/a muy pequeño no puede separar sus propias actividades de la apreciación estética de los objetos o de su contorno. La unidad de concepto entre necesidad y belleza no parece ofrecer ninguna fisura. Por ejemplo, al niño de esta edad puede gustarle un parque determinado, porque en él juega libremente con sus compañeros, escondiéndose tras los árboles, subiendo a ellos tendiéndose sobre la hierba. Acción y agrado parecen, pues, confundidos estrechamente en la personalidad de estos niños. Progresivamente uno y otro concepto se separan hasta dar origen a un nuevo rasgo del genio infantil.

3. El niño/a mayor proyecta su estado emocional sobre el objeto artístico o sobre la naturaleza. Es la propia actitud infantil la que se refleja en los objetos, y de acuerdo con ella entrarán éstos o no en la categoría de obras bellas. Sólo parece comprender, durante la tercera infancia, la belleza en la medida en que las cosas reflejan sus propios sentimientos y emociones. Una tarde gris, cargada de amenazas de lluvia, acaso despierte más entusiasmo en un niño circunstancialmente melancólico que un cielo soleado. La selección de los objetos de arte de acuerdo con el estado emocional, que busca en la realidad una confirmación de sus propias apetencias, es un fenómeno característico de otros muchos aspectos socioculturales del mundo adulto.

4. El niño/a pequeño mide el valor estético de un objeto de arte por su moralidad. Para ellos, en efecto, lo bueno y lo bello son términos sinónimos. Esta situación se prolongará hasta la adolescencia e incluso de por vida en adultos con mentalidad sometida a esquemas muy simples. Los niños mayores distinguen, en efecto, la valoración moral y la estética, pero generalmente prefieren seguir la regla lógica de los más pequeños, es decir, prefieren considerar al «malo»de sus cuentos como un individuo feo, repulsivo y sucio, y al «hada» beneficiosa o a la princesa bondadosa e ingenua como unos seres hermosos por toda ponderación.