EL VOLUMEN EN LA EDUCACIÓN INFANTIL

En EDUCACIÓN INFANTIL, por muy elemental que sea la expresión tridimensional siempre veremos el volumen acompañado del espacio, de la forma, de la materia y de la textura; cuatro constantes que ayudan a definirlo plásticamente y que también se corresponden en importancia con los procesos en el desarrollo infantil.



El esencial para ellos es la materia y tanto si se trata de arcilla, de plastilina, o de cualquiera otra pasta de modelar, durante los primeros contactos con la materia los niños disfrutaran estirando, aplastando, hundiendo, golpeando....es decir, descubriendo y jugando con sus posibilidades y limitaciones.
Por eso en el interés en que mueve al niño a modelar, el primer lugar lo ocupa la materia: su exploración, la acción para transformarla. Y esta fuerte motivación es la que debemos aprovechar para proporcionarles materiales con distintas texturas que permiten al mismo tiempo un enriquecimiento progresivo de la sensibilidad del tacto.

Por otro lado, no podemos hablar del volumen sin referirlo a un espacio, no obstante en la etapa infantil, cuando los niños/se trabajan con el volumen observamos la aparición de una calidad intrínseca que se manifiesta, casi, como elemento único expresivo: su cosidad, su apariencia de bloque compacto.
Aunque este cuerpo volumétrico en apariencia esté formado por la adición de otros elementos no podemos considerarlos como a creadores de espacio. El espacio no interviene en la creación de lo obra; está aquí pero no tiene suficiente significación plástica: Tiene, eso si, un significado importando cuando el niño/a lo utiliza como lugar de desplazamiento, distancia entre las partes, base sobre la que reposa o construye el objeto. Así, el espacio es un medio útil, significativo en su finalidad lúdica, perceptiva y cognitiva, aunque no guarde relación con el concepto del adulto.

La forma modelada supone una gran dificultad para el niño: la necesidad tener presente distintos puntos de vista en el mismo objeto. Por ejemplo, en la representación de la figura humana, los niños/se la resuelven en un primer momento,aplanando la figura sobre la superficie de trabajo; aquí es donde una buena acción educativa debe tratar de buscar la motivación necesaria porque lo objeto, la figura, adquieran el concepto de verticalidad y vaya perdiendo protagonismo la “frontalidad”.

Pero sobretodo será la práctica -frecuente, no esporádica- lo que permitirá que los niños/se descubran todas las posibilidades expresivas del modelado: el hacer y deshacer, modificar, transformar...sentirse creador de formas únicas y personales. El tacto deja de ser la única fuente de satisfacción y el juego se transforma también en gozo y placer visual. Posteriormente el ojo y la mano colaboraran a darle significación a la materia y se nivelan en importancia plástica.

Este proceso de desarrollo, aumenta considerablemente la experiencia formal, espacial y volumétrica con las construcciones. En ellas el niño/a puede apreciar aspectos muy importantes como el equilibrio y el valor del vacío entre la forma.

Por medio del equilibrio construye, alza, organiza, despliega en extensión sobre una superficie los elementos de la construcción: cubos, cajas, materiales de desecho. Por medio del vacío o los intersticios resultantes puede observar que hay más allá de si mismo, fijando espacios próximos o interpretando circunstancias referidas a otros espacios más alejados.

Enric Segarra, escultor.